
Las comparaciones suelen ser odiosas, pero resulta inevitable no pensar en la Björk de Debut cuando Nanna Bryndís Hilmarsdóttir pisa el escenario, con su voz quebradiza, sus trenzas diminutas y ese aire entre aniñado y gélido. Pero Of Monsters and Men -la banda que lidera la cantante islandesa junto a Ragnar Þórhallsson- se diferencia de su compatriota con un sonido mucho más cercano al indie folk y un código mucho más abierto, impecablemente ejecutado.
Justo cuando caía la tarde en el Hipódromo de San Isidro, el grupo irrumpió en el main stage 1 del Lollapalooza 2016 para encantar al público, mayormente integrado por treinteañeros y un puñado de teens curiosos que se acercaron para ver "qué onda" con esa mezcla de percusión, guitarras acústicas y vientos que llegaban desde el escenario.
De menos a más
Of Monters and Men lanzó un hechizo folk que fue creciendo a medida que avanzaba el set. El arranque llegó con el hipnótico sonido de "Thousand eyes", que arrancó los primeros aplausos. "Buenas noches, estamos felices de estar aquí", dijo el guitarrista a modo de saludo. La banda continuó recorriendo las canciones de su disco debut (My head is an animal, de 2011) y del más reciente, Beneath the skin, de 2015. Justamente, uno de los momentos más altos de la noche fue la interpretación de "Crystal", uno de los cortes de este último trabajo.
Sobre el final del set, la cantante se desapegó de la prolijidad escénica que la mantenía contenida detrás del micrófono y bajó para arrojarse -literalmente- sobre la gente y caminó por las pasarelas para llevar un poco de calor al frío anochecer.
"Gracias, fueron un público muy cool", dijo Ragnar antes de lanzar "Little talks", el muy celebrado hit que los hizo famosos en todo el mundo.
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